La seguridad alimentaria ha evolucionado de ser una preocupación puntual a convertirse en un eje estructural que atraviesa toda la cadena alimentaria. Según un artículo de Net4Food, en 2026 la confianza del consumidor dependerá de la trazabilidad de los productos y de la adopción de tecnologías como la inteligencia artificial para detectar riesgos y optimizar procesos.
Estas herramientas, junto con estándares de transparencia y un enfoque en la sostenibilidad, impulsan una resiliencia sistémica frente a crisis sanitarias y climáticas. La seguridad alimentaria ya no es solo asunto de epidemias o alertas puntuales, sino una estrategia integral que abarca producción, transformación, logística, regulación y comunicación con el consumidor


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