
Un técnico del Programa Mundial de Alimentos hace una prueba de malnutrición en un menor en Omdurmán (Sudán) Food Program (WFP) en abril de 2025. WFP/Abubakar Garelnabei (via REUTERS)
En el Informe mundial sobre las crisis alimentarias, por sexta vez consecutiva se certifica un recrudecimiento del panorama como consecuencia de conflictos armados, crisis económica y con cambios climáticos. Dicho informe es elaborado por la Unión Europea y la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el cual se informa que un equivalente al 86% de la población de EEUU, 296.3 millones de personas padecen inseguridad akimentaria aguda, que se produce por insuficiencia en la disponibilidad y acceso a medicamentos.
La principal causa de inseguridad alimentaria en 20 de los países y regiones analizadas ―como Haití, Líbano, Myanmar, Nigeria, Gaza y Sudán― fueron los conflictos y la violencia. En 18 países, fue el clima extremo. Y en otros 15 ―como Yemen, Afganistán, Siria y Sudán del Sur―, la situación económica.
No obstante, el panorama en 2025 hace temer lo peor. El informe alerta de que el bloqueo que sufre la Franja desde el fin del alto al fuego agravará la situación: “Incluso en un escenario optimista de crecimiento de dos dígitos y ayuda exterior sustancial, se prevé que la recuperación de los medios de vida tardará décadas en volver a los niveles anteriores a octubre de 2023″.
Uno de los desafíos de la financiación de ayuda humanitaria y para el desarrollo, explica Paulsen, es conseguir combinar distintos tipos de fondos para todo tipo de proyectos, no solo los de atención cuando la crisis alimentaria ya ha ocurrido. “Por ejemplo”, cita el experto, “alrededor del 80% de las personas en situación de inseguridad alimentaria aguda viven en zonas rurales y, de alguna forma, están conectados a la agricultura para sobrevivir. Pero solo el 3% de la financiación global para intervenciones de seguridad alimentaria se destina a proyectos agrícolas de emergencia o a entrega de semillas y herramientas para el campo”. Paulsen explica que potenciar proyectos agrícolas de emergencia es altamente rentable: son intervenciones cuatro veces más baratas y mucho más efectivas en resultados. Estrategias como esta han sido implementadas en Afganistán, por ejemplo, y lo han convertido en uno de los 15 países que ha presentado mejoras en sus índices de seguridad alimentaria con respecto a 2023.
Pero los recortes no solo afectarán a los proyectos en terreno, sino también a algunas tareas de evaluación y análisis como la recolección de datos de seguridad alimentaria y estatus nutricional. “Tendremos que ser muy eficaces para obtener una ‘instantánea’ de la seguridad alimentaria con los recursos que dispongamos”, reconoce Paulsen. Salvo que cambien las tendencias del inicio de 2025, faltará dinero para aliviar el hambre y ojos para ver dónde hay un plato vacío.